3ª jornada, 29/ago 2022
UD 2-0 AND
Por si no han tenido ustedes el placer, Andorra es como la calle Ripoche de los años 70 con un par de montañas alrededor, mucho bazar y unas cuantas cabras sueltas por el barranco. Está hasta el culo de tiendas de electrónica, bebida y tabaco, pero cualquiera las distinguiría de las nuestras porque los hindúes que las regentan y atienden no hablan normal, como aquí, sino en catalán, lo que produce una sensación cercana a la apoplejía cuando un canario entra y pregunta por el precio de algo. Se dedican también al trapicheo al por mayor y a fungir como paraíso fecal -copyright de Rubén Amón- donde la burguesía catalana esconde la plata que los españoles no logramos levantarles para gastárnosla en los bares y en droga. Son raros de cojones, están aún más mesclaos que la canariedad, tufa a chiringito financiero, la especulación los está estrangulando y el idioma oficial es el catalán, motivos todos que justifican pasar allí unas vacaciones largas a todo tren y conocer ese paraíso. En este ecosistema absolutamente refractario al fútbol alguien tuvo la ocurrencia de aplanar unos cachos, montar un campo furbo y fundar un club.
Al ser un club de pueblo de alta montaña -su primer portero con ficha fue el abuelo de Heidi de joven- languideció toda su vida en 3ª y 2ªB hasta que hace un par de años Piqué pasó por allí para follar a la escondida, le gustó aquello y compró el equipo. Contrató a veintipico jornaleros del fútbol, con más callo que la señora que hacía las pajas por cinco duros en el Cine Plaza -que creo que ahora es un culto evangelista. El cine, me refiero- y se buscó también un entrenador con proyección que resultó ser Eder Sarabia, el que estuvo aquí de segundo de Setién -exactamente, el que estuvo sentadito en el banquillo durante aquella 2ª vuelta de la vergüenza-. Un presidente estrepitoso, un entrenador con ínfulas y una plantilla de roetibias, para entendernos, un equipejo modelo Tete. La diferencia estriba en la popularidad de su presidente y propietario que lidera a un grupo de indigentes futbolísticos, vendría a ser como un equipo de Jesés, mucho ruido y pocas papas. Ustedes perdonarán esta digresión inicial, pero es necesaria para entender las claves de lo que pasó anoche
Estos follacabras eran el segundo equipo que visitaba el Gran Canaria esta temporada y el segundo equipo también que comparecía tras una semana de discursitos vacuos de técnico disruptivo y rompedor, del tipo “vamos a disputarle la pelota a la UD” y “queremos ser protagonistas” para, a la hora de la verdad, meterse en la cueva a taponarse el ojete, conscientes de que la superioridad genética del jugador canario, adquirida mediante generaciones de comer potaje de berros con su quesito tierno, forjarse en campos de tierra generosamente salpicados de teniques y sobrevivir a entrenadores perfil Pako Ayestarán, hace literalmente imposible que un equipo foráneo pueda marcarle el paso a la UD cuando sale a bailar en la verbena de 7Palmas. Porque, vamos a ver, se nos vienen mil preguntas a las mientes: ¿quién ha jugado en el Andorra? ¿a quién le ha ganado el Andorra? ¿qué cojones hacemos nosotros en la misma categoría futbolística que el Andorra?, y, sobre todo, ¿tienen el wisky más barato que aquí?
A la hora de la verdad, Pimienta sacó a pastar al mismo equipo de Málaga a la espera de que volviera a obrarse el milagro de los panes y las caballas y Eder Sarabia puso sobre la hierba un equipo del que no sabemos decirles si son mejores o peores por falta de referencias históricas. El Andorra trata de jugar a lo mismo que la UD pero hay que entender que si no tienes jugadores diferenciales aquello se queda en el viejo y conocido pase pácá, pase pállá, pase páná, esta vez envuelto en unos uniformes color pistacho fosforito que le quitan la seriedad a cualquier cosa que intentes hacer con el balón. Es cierto que disputaron la pelota, pero no sabían qué hacer con ella. Por su parte, la UD, gripada porque no la olía mucho, se cerró atrás y empezó a escupir pelotas pálante porque hoy no era el día de Loiodice, ni Mfulu y no había manera de sacarla limpia ante la presión adelantada visitante, y todo esto nos puso en manos de la testosterona creativa de Moleirito y sus sacudidas eléctricas.
Un aviso formal de Curbelo sobre la manera testicular en la que la UD pretendía ganar el partido en forma de zapatazo desde la frontal que reventó el larguero levantándole los tatuajes a Rattí fue la antesala de la jugada del partido. Coco salió de la presión largando un pase al hueco entre el central y el lateral de aquella gente, Moleiro la ganó con decisión y en dos amagues dentro-fuera se los quitó de encima con clase para irse a línea de fondo y servirla tibia para que el primero que llegara -y que resultó ser Marc Cardona- la tocara pá dentro (25´). Al Andorra se le cayó el andamio encima y entraron en fase grogy. La UD quiso aprovechar el trauma y el mismo Moleiro volvió a intentarlo justo antes del descanso filtrando otra pelota que en esta ocasión dejaba a Álvaro en un face to face con Rattí, pero esta vez el recorte del Cádiz no estuvo sublime como hace una semana y justificó porqué se ha venido cedido al tercer mundo, falló miserablemente y además se jodió y tuvo que ser sustituido. Total, nos fuimos pá la caseta más contentos que el carajo porque después de 45 minutos de mediocridad íbamos por delante.
En la 2ª parte, el Andorra insistió en su plan (pácá, pase pállá…) y Pimienta se cagó encima y empezó a meter bolardos por todos lados para entorpecer aún más a un equipo que de torpes ya tiene un master. La UD mantenía la compostura atrás y los parches del entrenador (Lemos, Fabio, Pejiño, Benito) funcionaron para taponar las bandas por donde el Andorra pretendía jodernos la noche y le obligaron a jugar por el centro donde Curbelo y Coco se bastaron -sin sobrarse- para rechazar todas las incursiones. Moleirito estaba fundido y la UD ya no frecuentaba el área contraria ni volvió a visitarla con sustancia hasta muy al final del partido cuando Benito incursionó y uno de aquellos le metió una levantada que el VAR ratificó como penalty mientras el bravo jugador de La Aldea todavía estaba dando vueltas en el aire. El suspense sobre quién iba a tirarlo se nos subió a la garganta, máxime cuando Marc Cardona, como si tal cosa, trincó la pelota y la colocó en el punto de la verdad. Lo tiró adornándose con un gracioso paso de minué, pero lo importante es que acabó dentro (90´). Ahí el Andorra pasó de equipo del blanco Pirineo a equipo del Perineo amoratado y la parroquia respiró al acabar un partido que tuvo de todo menos tranquilidad, pero que nos deja arriba y con la sensación de que el equipo es capaz de ganar hasta partidos infames como el de ayer, jugados por lo que se supone que es el sobrante de plantilla.
Total, se ganó que era de lo que se trataba. La afición está contenta y orgullosa con sus 7 puntitos (Tete, 1), pero para contenta, Shaquira, que seguro que le habrá alegrado la noche comprobar como Piqué se dejaba los piños en el Gran Canaria, como justo castigo por haberla dejado botada para ir a tirarse a una veinte años más joven, actitud macromachista del todo punto incomprensible que la afición amarilla siente como herida propia, absolutamente fuera de lo que son nuestros valores, tradiciones y capacidades económicas.
IGOR PERINEOCÁTACROCK
